Comunicación estructural


DESLEALTADES COMUNICATIVAS

María José Ortega Aguilar / Jaén

No tengo claro por qué decidí ser periodista, de lo único que estoy segura es que no fue por vocación, o tal vez sí, pero ya no lo recuerdo. Quizá fueron los años, con el peso de la pericia, quienes emborronaron un poco aquellas eminentes ilusiones. Comprobé que mi idilio con la comunicación se resquebrajaba a base de desengaños, hasta que tomé la decisión de cambiar mi romance por una fiel amistad. Desde entonces, nuestra relación es sincera, ella me reconoció sus deslealtades para ahorrarme mis quimeras, y yo prometí contaminarla sólo lo justo y necesario. Al menos ahora nos reímos la una de la otra.

El problema es que la comunicación se casa fácilmente con cualquiera, con cualquiera que tenga dinero, y de ahí surgen sus ocultos matrimonios de conveniencia. Yo, ilusa en mis comienzos, me enamoré del mundo de la información seducida por su papel de contrapoder, por su valor como herramienta de denuncia y cambio social. Me estampé de lleno contra la pared. Poco a poco, como esposa que huele el engaño, fui merodeando en el entramado comunicativo, analizando su estructura y observando cuáles eran sus amistades más cercanas. Entonces comprobé lo que ya sospechaba.

Encontré varios pares de manos que agarraban con fuerza las cuerdas de títeres con cámara al hombro y pluma entre los dedos. Mentes mercantiles que fabrican el qué decir y el cómo decirlo. Ellos fueron los que inventaron la censura por sobreinformación. El resultado es el discurso narcótico de los medios, los aparentes debates, la falta o falsa diversidad ideológica, el chiste fácil y el entretenimiento forzado. De estas sustancias se alimenta la sociedad, que se cree consumidor de exquisiteces sólo porque nunca probó otra cosa. Conformados con el conformismo, la sociedad se deja engañar por el dulzor de la mentira suave que es mucho más deliciosa que las verdades avinagradas. Al percatarme de que todos, incluído el comunicador, somos inevitablemente arrastrados y absorbidos por la laberíntica trampa del sistema, quise al menos salvarme de la manada social adoptando una posición crítica. Es la única manera de poder salir de vez en cuando del rebaño. Y nada más difícil hoy en día que encontrar a una persona con capacidad de evaluar y juzgar al mundo que le rodea, sin que sus argumentos suenen a patraña o a opiniones remascadas. Por eso cambié mi romance comunicativo por la camaradería, porque quise ser sincera con mi profesión desde el principio. Nunca podré amarla por completo, ella se mueve en parcelas demasiado confusas y yo aún sigo en el intento de escuchar lo que gente sólo oye y de observar lo que parece que la gente ve.

María José Ortega Aguilar es periodista. Puedes seguirlar en www.lasmediasverdades.blogspot.com

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EL PRESENTE DE LOS APOCALÍPTICOS

Antonio Javier Martín Ávila / Granada

Aprovechando que el filósofo, crítico y escritor italiano Umberto Eco ha pasado recientemente por la Facultad de Comunicación de Sevilla para ser nombrado Doctor Honoris Causa, vamos a hacer un pequeño repaso a una de sus grandes obras: Apocalípticos e integrados. Concretamente a la parte en la que Eco reúne diferentes críticas realizadas a la cultura de masas y a la concentración de medios. El objetivo de tal repaso es conocer si se han producido grandes cambios desde la publicación de la obra en la década de los 60, y su trascendencia en España.

El primero de los grandes achaques que se presentan en el apartado tiene que ver con el carácter heterogéneo del público al que las industrias comunicativas dirigen sus productos, y la poca originalidad de los mismos. Ello deriva en un resultado homogéneo, que para los apocalípticos “destruye las características culturales propias de cada grupo étnico”. Sin duda alguna, esta reflexión se relaciona íntimamente con el proceso de Globalización y su rápida capacidad para expandir productos a través de una estructura formada por grandes empresas estratégicamente situadas.

Un buen ejemplo es el fenómeno Gran Hermano, programa reality show que nació y se emitió por primera vez en Holanda en 1999 de la mano de la productora Endemol. Su éxito ha radicado en ofrecer un producto fortalecido por una gran campaña publicitaria, que no ofrece grandes complicaciones intelectuales para comprenderlo, y que no ha sufrido grandes variaciones en el tiempo, es decir, un producto 100% homogéneo, tal y como clamaban los críticos.

Endemol es propiedad de Goldman Sach –uno de los grupos de inversión más grandes del mundo que asesora a gobiernos, conglomerados empresariales y familias con un alto nivel de riqueza–; de Jonh de Mol –empresario y multimillonario holandés que tuvo la idea original del programa–; y de Mediaset –brazo mediático del holding empresarial italiano Fininvest, que es propiedad de Silvio Berlusconi–. Anteriormente, Endemol también fue participada por Telefónica, que vendió sus acciones a Mediaset en 2007.

La compañía del presidente italiano es la dueña mayoritaria de Telecinco. No es de extrañar, por tanto, que la cadena haya emitido el reality durante 11 años. Su emisión durante este periodo ha dado lugar a que otras productoras, respaldadas por los mismos entes empresariales con otra denominación, intentaran copiar el producto para explotarlo en las demás cadenas nacionales. De esta forma, desarrollan un cambio de los aspectos más “luminosos” del producto; aquellos exteriores que nos atraen como a los peces, aunque, el interior, continúe siendo igual de homogéneo y oscuro con el paso del tiempo.

La capacidad de Endemol para colocar sus creaciones en las televisiones de todo el mundo es indiscutible con un apoyo económico de tal envergadura. Los productos globalizados que lanza son tan válidos en España como en cualquier país del Este. Son tan útiles por la simpleza de contenidos que arrastran, incapaces de crear un conflicto con el espectador de la sociedad a la que se vende.

Otro de las afirmaciones realizadas por los autores a los que Umberto Eco denominó apocalípticos, hace referencia a la forma en la que los medios de comunicación y entretenimiento provocan emociones. Para ellos, “en lugar de simbolizar una emoción, de representarla, la provocan; en lugar de sugerirla, la dan ya confeccionada”. Esto significa una mayor potenciación de la imagen y el sonido como estímulos sensoriales a los que los consumidores deben responder. Pongamos como ejemplo a la industria del cine y su apuesta, en muchos casos, por la realización de filmes absolutamente plagados de efectos especiales  que no manejan ningún tipo de concepto mental. Abrir los ojos y envolverse entre el sonido es suficiente para abstraerse de todo razonamiento. Una acción peligrosa si se toma por habitual.

Veamos de forma más concreta la película Transformer, basada en los ya clásicos juguetes de la multinacional Hasbro. Su contenido puede resumirse bastante bien en la crítica realizada por Jordi Costa para El País, donde se afirmaba que era “una virtuosa filigrana hecha de ruido y furia, donde el apabullante sentido del espectáculo logra sublimar una historia descaradamente chorra.”.  Décadas después de que los apocalípticos avisaran sobre esta tendencia, el cine norteamericano, fuente de todos los demás, la ha consolidado. Transformers fue producida por Universal Studios, que pertenece a NBC-Universal. Este último es el cuarto mayor grupo de comunicación y entretenimiento del mundo tras Disney, News Corporation y Time Warner. A su vez, tras los movimientos realizados en los últimos meses, NBC-Universal es propiedad de General Electric –una de las compañías más influyentes del mundo, capaz de presionar en su día al gobierno de G. Bush para invadir Irak y potenciar así las industrias armamentísticas que también posee–; y de Comcast –un gigante de los servicios por cable en EEUU–. Con tal respaldo, películas “hechas de ruido y furia” inundan las carteleras de medio “globo” restando espacio a las producciones más locales, que no pueden competir ante tal demostración de poderío distribuidor y publicitario.

También en Transformers puede observarse otra de las características a analizar: “la imposición de símbolos y mitos de fácil universalidad, creando tipos reconocibles de inmediato” a través del nacimiento de una nueva mega estrella, Megan Fox. Pero este aspecto será tratado más adelante.

Antonio Javier Martín Ávila es periodista y creador de Comunicación estructural.


CRÍTICAS SUBJETIVAS

Samuel García Sánchez / Badajoz

Hace poco se ha estrenado la excepcional película Invictus, de Clint Eastwood. El señor Eastwood es uno de los pocos casos en Hollywood en los cuales el director puede gozar de lo que llaman “total libertad creativa”. Tras muchos años de éxitos críticos y económicos, se ha ganado el derecho a hacer lo que le dé la gana, a lo que ayuda enormemente que sea él mismo quien se produzca sus películas a través de su compañía Malpaso y que comparta los derechos de explotación con una major como Warner.

Lo que ya tanta gente no sabe es que cualquier película que haga el señor Eastwood ya será calificada como una gran película (y eso que la mayoría lo son) por una gran cantidad de medios en el mundo. No sólo eso, sino que desde los 90 hasta hoy, las películas de Clint Eastwood han tenido una gran presencia en las galas de los Oscar, debido a que mucho de los académicos no sólo simpatizan con el actor y director protagonista de Harry el sucio sino que pertenecen a medios relacionados con el conglomerado Time Warner (en el 2009 se separó de su división en Internet AOL).

Time Warner tiene numerosos medios como los canales de televisión CNN, HBO, CW, TNT, Cartoon Network… En todos ellos hay un espacio dedicado a los estrenos semanales y reportajes sobre películas de renombre. Como es lógico, las películas que provienen de Warner o alguna de sus filiales (New Line, Castle Rock…) no salen muy mal paradas a la hora de ser promocionadas y calificadas por los periodistas y críticos. Otro tanto ocurre con los medios impresos: Revista MAD, Sports Illustrated, Time,  grupo Expansión… Todos esos medios cuentan con un crítico que repasa de manera más o menos detallada los estrenos semanales, resaltando aquellos que provienen de la “empresa madre”.  La prueba está en que en los listados de las mejores películas o series de la revista Time, nunca faltan dos o tres títulos con el sello Warner.

Si seguimos tirando del hilo podemos llegar aquí a España. Cuatro pertenece en parte al grupo Prisa que a su vez tiene su propia productora: Sogecine-sogepaq.  Como es lógico, en los informativos y el resto de programas se promociona cualquier estreno que provenga de esa productora hasta la saciedad (los últimos casos de Celda 211 y Ágora son más que evidentes). Se ensalza la calidad de esas películas y se las sitúa en la categoría de evento. Bien, pues con el estreno de Invictus hemos podido comprobar cómo también se le ha prestado una inusual atención al estreno de esta película. ¿Y eso por qué? Prisa tiene además de parte de Cuatro, el monopolio de la televisión digital con su plataforma Digital+. En esa plataforma tiene varios canales de producción propia como Cinemanía en los que la programación consta de cine las 24 horas, a su vez, en su canal estrella, Canal+, el cine reciente es uno de los factores más atrayentes de cara al abonado. Pero sin duda lo que más negocio le genera es la Taquilla, un servicio de videoclub mediante el cual el usuario puede alquilar los últimos estrenos. Digital+ tiene un contrato y acciones compartidas con Time Warner, gracias a eso consigue beneficios en la adquisición de los derechos de explotación de muchas de sus películas. Así si conseguimos que el espectador sienta curiosidad por ver Invictus, lo más probable es que dentro de pocos meses éste quiera pagar por verla en taquilla o abonarse a Digital+ si ve que la emiten.

Por otro lado, señalar que el grupo Prisa tiene numerosos medios impresos. El más importante de ellos es El País, dónde críticos como Jordi Costa o Carlos Boyero tienen cierta libertad de crítica. Pero en los reportajes (¿o serán publirreportajes?) no se duda en ensalzar la película. ¿Y ésta paradoja? La respuesta está en que las críticas salen a la luz después del estreno, cuando la mayor parte del público ya ha ido al cine. Por otra parte, Prisa realiza a través de su filial de prensa Progresa, la revista de cine Cinemanía. No entraré en criticar la escasa calidad de la misma. Sólo pondré un ejemplo: mientras que en el resto de medios se criticaba duramente a las dos secuelas de Matrix, en esta revista no dudaron en calificarlas con entre tres y cuatro estrellas. ¿Tendrá que ver el hecho de que sean superproducciones de Warner en esto? Cada uno que piense lo que quiera.

El mundo del periodismo cinematográfico está igual de atado que el resto del periodismo. Patrocinadores, empresas, accionistas… todo importa, todo se tiene en cuenta a la hora de dar una opinión que muchas veces no es la del redactor.

Samuel García Sánchez es periodista. Puedes seguirlo en http://www.samgarsam.blogspot.com



EL NEGOCIO DE LAS FUSIONES TELEVISIVAS

Rafael Ávalos Cabrera / Córdoba

Quien crea que un medio de comunicación es tal y detrás sólo se esconden intereses editoriales o “marcas de la casa” está muy equivocado. Lamentablemente, existen pocas formas de conocer la encrucijada “secreta” que se halla en torno al negocio de la información y la comunicación. Y es que lejos de realizar una función social, tal y cómo se considera que debe ser, los medios funcionan como empresas y trabajan para dar rentabilidad a compañías mucho mayores.

Esa realidad es confusa. Pero sobre todo escurridiza, no se deja atrapar por la sociedad, todo gracias al gran manejo que mantienen sobre los medios los magnates capitalistas, que ejercen un terrible poder. El mismo se encubre con artimañas de desinformación, de manipulación, de engaño y estafa, de vulneración de un derecho constitucional tan fundamental como es el de la libertad de información.

Sin embargo, estos señores no alcanzan la magnificencia porque sí y se acabó, sino que cuentan con el apoyo de los gobiernos de turno. La “espiral del disimulo” del profesor Fernando Quirós es una estratagema que bien saben utilizar los políticos. Mientras te hablan de luchar por el pluralismo y la libertad de información, permiten que unos patrañeros se llenen las manos de dinero a costa de la ignorancia del pueblo. Eso es lo mejor, pues si la gente está atontecida no sabe actuar en consecuencia en cuanto a su potencialidad dentro de un sistema democrático.

El sueño de un país en el que exista multiplicidad de medios, así como de informaciones y opiniones, es decir, puntos de vista sobre la realidad no es más que eso, un simple y triste sueño. Una alucinación que termina en pesadilla cuando alguno de los grandes mecenas de la (in)comunicación se hace con una nueva sucursal de su particular gabinete de prensa. El último ejemplo lo tienen en España y no ha de marcharse uno muy atrás en el tiempo.

Para 2010 se prevé desde el Gobierno que vea la luz la Ley General Audiovisual, que regala, como quién dice, a los gestores de las empresas informativas la posibilidad de hacer y deshacer a su antojo con las licencias obtenidas por un hipotético concurso legal y público. El precepto funciona desde enero. Pero como antes de terminar el pasado año el sector audiovisual sufre una crisis que no padecemos ninguno de los españoles de a pie –ni siquiera los miles de periodistas despedidos en “taytantos” medios– Zapatero, a través de Miguel Sebastián, ministro de Industria, Turismo y Comercio, se pone manos a la obra.

El tipo que decide un día ir al Congreso sin corbata para ahorrar en energía, el que fastidia con el invento de la TDT y regala una licencia de pago a Mediapro, es el mismo que decide liberalizar, un poquito más por si poco lo estaba ya, el sector audiovisual y de la comunicación. Así, en febrero de 2009 se tira a la piscina y “manda” que de entre las seis cadenas en abierto existentes –Antena 3, Cuatro, Telecinco, La Sexta, Veo TV y Net TV– pueden quedar como mínimo tres. Es decir, que realiza un llamamiento a las fusiones. Eso sí, con un límite, que entre las dos cadenas no sobrepasen el 27 por ciento de audiencia…

Con todo esto, en diciembre Silvio Berlusconi se hace con, nada más y nada menos, que el cien por cien de Cuatro. O lo que viene a ser lo mismo, el Primer Ministro italiano se adueña por completo de la cadena de Prisa. Y se llama fusión, porque el grupo de la familia Polanco obtiene un insignificante 18,3 por ciento de Telecinco. Mientras tanto, el canal de Fuencarral también logra hacerse con un 22 por ciento de Digital Plus.

La tarta se queda entonces: Mediaset –compañía de Berlusconi– posee 41, 3 por ciento de Telecinco, y esta cadena, a través de una nueva empresa denominada Gestevisión, se hace con el control absoluto de Cuatro y una cantidad accionarial superior a la de Telefónica en Digital Plus; Prisa pierde Cuatro y “gana” participación –pero siendo el tercer accionista– en Telecinco, al mismo tiempo que comparte su pastel monopolístico digital con Berlusconi y Alierta –presidente de Telefónica–.

En resumen, Cuatro, cadena progresista donde las haya, en manos de quien acaba en un momento determinado con Caiga quien Caiga en Telecinco, y que no necesita mayor presentación que mentar su nombre: Silvio Berlusconi; Prisa ni pincha ni corta en Telecinco; y por si fuera poco, la cadena de Fuencarral y Telefónica, nada cercanos a la posición de Prisa, comparten Digital Plus. Si a eso le suman que “el imperio del monopolio” –José María García dixit– abandona a su suerte, a comienzos de 2009, a Localia y todos sus trabajadores, tienen como resultado uno de los peores negocios de la historia.

Lo importante es que la compañía Gestevisión, creada únicamente para que Telecinco se “engulla” a Cuatro y coma un poquito de la deficitaria Digital Plus, es la guinda que necesitaba el pastel de Berlusconi para su poder mediático en España. Porque al control de la RAI –televisión pública italiana– y un importante número de medios privados italianos, tienen que contar ahora con Telecinco, Cuatro y Digital Plus. Nada más y nada menos. Eso es pluralismo y lo demás es tontería.

Sin embargo, la última información contenida en un medio sobre el tema de las fusiones aparece el pasado cuatro de este mes en el diario Expansión: “Planeta y su socio italiano De Agostini han cerrado un principio de acuerdo con Mediapro y Televisa para la integración de Antena 3 y La Sexta en un gran hólding”. Toma del frasco, Carrasco.

Pero que no se pierda nadie, que es muy sencillo de entender: Planeta posee Antena 3, y Mediapro La Sexta, en la que la poderosa latinoamericana Televisa también cuenta con un buen paquete accionarial (un 40 por ciento, ni más ni menos). Como todos pueden fusionarse ya, excepto Antena 3 y Telecinco por cuestiones de audímetro, Planeta se coge a la cadena tachada por el sector “popular” de socialista e íntima defensora de Zapatero y su Gobierno.

Ahora tengan algo más en cuenta: Planeta tiene en su regazo empresarial el diario La Razón, de raigambre católica ortodoxa y “derechona”, al tiempo que Mediapro tiene en su haber el diario Público, más bien anticristiano o anticlerical, como quiera verse, e “izquierdoso” a más no poder. No pegan absolutamente nada, ¿verdad? Todo lo contrario, pegan tanto como que los gestores de las compañías podrán frotarse las manos entre otro buen puñado de billetes a costa de la información y formación de los españoles. Ese es el magnífico negocio de las fusiones televisivas.

Total, ¿qué tendrá que ver que un diario que propugna valores cristianos y otro que ataca con contundencia, un día sí y otro también, a la Iglesia se vean al amparo de una misma macro empresa? Pues nada, lo importante es sacar los cuartos y que el populacho en vez de saber desconozca. Vamos, que no confundan churras con merinas, una cosa es la ideología y otra la economía, y ante esto último no pueden ni el honor ni el orgullo.

Rafael Ávalos Cabrera es periodista. Puedes seguirlo en www.caminoa2016.blogspot.com y www.encordobes.blogspot.com


Comunicación estructural, lugar de referencia

A partir de hoy Comunicación estructural comienza una nueva etapa. Sus entradas contendrán informaciones, análisis y opiniones aportadas por diferentes personalidades especialistas en la información, la enseñanza o la cultura. Su objetivo es ampliar de forma plural y libre todos los aspectos relacionados con el mundo de la estructuras de poder que dominan los medios de comunicación.


Una política mediática muy particular

Era cuestión de tiempo que una de las grandes empresas mediáticas mundiales clamara contra la situación de agobio y chantaje impuesta por el Gobierno chino. La primera en dar el paso,  como bien han informado televisiones, radios y periódicos de medio mundo, ha sido Google. Su gran poder de influencia, la gran cantidad de usuarios que usan el buscador, una imagen muy positiva entre los ciudadanos y, sobre todo, un apoyo incondicional de su gobierno, el estadounidense, le han dado el empujón necesario para denunciar grandes abusos como la censura o el espionaje.

En la estructura informativa de la República Popular de China ocupan un lugar muy importante todos aquellos medios que pertenecen al Gobierno y que se rigen por un auténtico sistema autoritario. El resto, deben de atenerse a unos reglas que favorezcan la integridad del Régimen.

Hasta el año 2004, las actividades de producción y gestión de radio y televisión, así como la producción cinematográfica por compañías de capital extranjero pertenecían a la categoría de restringidas, es decir, que podía haber participación extranjera sin necesidad de un socio chino que tuviera un porcentaje mayoritario de participación.

A partir de 2007, en cambio, estas actividades han pasado a estar prohibidas, de modo que las compañías con intención de invertir en China a través de un joint venture lo tienen más complicado, y deben procurar establecer buenas relaciones con el régimen comunista, caso del conglomerado estadounidense News Corporation. Con esta medida se limita el número de compañías extranjeras que pueden intervenir en el mercado chino, y se preserva un margen de control para el Gobierno.

Un caso curioso es el que se produce en los quioscos, donde apenas se pueden encontrar periódicos extranjeros. La mayor parte de las publicaciones internacionales disponibles en China son importadas de Singapur, Hong Kong y otras fuentes que han limitado los derechos de distribución a complejos turísticos y aeropuertos dentro del país. A pesar de ello, la situación actual del gigante asiático dista bastante de la que existía décadas atrás. Los cambios económicos iniciados con el ex líder Deng XiaoPing, han hecho que muchos ciudadanos se planteen ciertos valores tradicionales a medida que han ido apareciendo nuevas ideas y conceptos. Hoy día, la influencia extranjera, sobre todo la estadounidense, es más visible entre la ciudadanía que en generaciones anteriores.

El Estado chino lleva a cabo, por tanto, una política económica que afecta directamente a los medios de comunicación en la medida que estos son utilizados, o bien como portavoces del gobierno, o bien como negocios tutelados. Es en este último caso cuando pueden aparecer voces distintas a las oficiales, dependiendo de que el medio se arriesgue a hacerlo o no, ya que puede perder sus permisos y dejar de lucrarse en uno de los mayores mercados informativos del mundo.


Los grupos españoles litigan por el tercer canal privado de Colombia

La polémica en torno a la licitación de Canal 3 TV continúa dando que hablar. Dos grupos de comunicación españoles, Prisa y Planeta, rivalizan desde que se abrió el proceso. Las últimas informaciones, fechadas en diciembre, otorgaban a Planeta las competencias sobre dicho canal, tras la retirada en el proceso de Prisa y el grupo venezolano Cisneros.

Sin embargo, para sorpresa de Planeta, la licitación ha sido suspendida por la Comisión Nacional de Televisión (CNTV), a petición de la procuraduría, cuando ya no quedaban contendientes. Así, el motivo, según esta última institución, no es otro que la ausencia de pluralidad en el proceso. Resulta paradójico que la CNTV haya accedido a esta demanda de la procuraduría, ya que aseguran que aún reabriendo el proceso no se podrá garantizar la pluralidad deseada. Por lo tanto, de momento, los colombianos deberán seguir esperando para poder disfrutar de su nuevo canal.

Tras conocer la noticia, el representante de Prisa, Ricardo Alarcón señaló que “ante las grandes dudas que existían en el proceso se ha tomado la mejor decisión” y agregó que “si se corrigen las fallas participarán en la nueva licitación que se abra”. Por último, valoró la “sensatez” de la decisión.

Obviamente, Planeta ha mostrado su descontento y abre el debate sobre la politización de la decisión. Un nuevo debate sobre estructura de la información. Un nuevo ejemplo de cómo las empresas, los políticos y las elecciones pueden influir en la comunicación de un país.


Un futuro desconocido para TVE

Es ya sabido que desde el pasado 1 de enero la cadena pública TVE  no emite anuncios publicitarios con ánimo de lucro. Lo que no está tan claro es cómo se va a mantener en el futuro, ya que la ley de financiación que ponía claridad al respecto, ha sido congelada por la Comisión Europea.

La ley especificaba concretamente que el canal de RTVE se financiaría, además de dinero público, con el 3% de los ingresos de la cadenas privadas, el 1,5% de las de pago, el 0,9% de las empresas de telecomunicaciones, un porcentaje sobre el rendimiento de la tasa del dominio público radioeléctrico, los productos y rentas de su patrimonio y las aportaciones voluntarias. Por lo tanto, mientras no se decida lo contrario, TVE no obtendrá dinero por esta vía.

Resulta alarmante plantarse el hecho de que si nuestra televisión pública era económicamente deficiente cuando obtenía ingresos millonarios por publicidad, cómo será en los próximos tiempos sin recibir ni un solo euro por anuncios ni tampoco por lo ideado inicialmente, es decir,  lo aportado por empresas televisivas y telecomunicativas privadas.

La explicaciones que ofrecen desde Bruselas por haber paralizado el modelo de financiación tienen que ver con la existencia de dudas sobre si los nuevos impuestos son compatibles con el Tratado europeo. A pesar de que el Gobierno afirma ofrecer un modelo que cumple todos los requisitos legales y en consonancia con la legislación comunitaria, parece que no había contado con tal imprevisto.

En el supuesto caso de que la Comisión Europea, tras su investigación, mantuviera paralizadas las vías de financiación privadas, surgiría un grave problema, o más bien, un gran agujero que cubrir con más dinero público. Habrá que ver como termina el asunto y de qué forma afecta al panorama audiovisual, muy agitado por los aires de las fusiones.


Máquinas

La siguiente entrada rompe la temática tratada en el blog hasta el momento, sin embargo, al ser éste mi máxima oportunidad de expresión, he decidido subirla y compartirla.

En homenaje a los trabajadores que cada día se levantan por los demás


Fue una mañana de diciembre en la que me despertó el ruido. Recordé entonces que la estación invernal apretaba mostrando sus más gélidos destellos a través de la lluvia y el viento. De ahí que hasta las máquinas más duras terminan griposas emitiendo renqueantes sonidos a primera hora de las mañana. Sus gargantas, especialmente débiles, se quejan junto a unos pulmones castigados por el tabaco.

A pesar de ello, continúan su camino por los restos de escarcha que borronean los cristales y queman las manos, mientras el vao que exhalan sus bocas se convierte en parte de un escenario nuboso y gris, cuyo principal espacio de actuación es la agricultura, el comercio, la industria, los servicios del país.

Los días de vacaciones son un periodo especial para ellos. Resulta curioso descubrir como su reloj interno, el que está programado con una precisión infalible para el trabajo, jamás descansa. Las 7:45 de la mañana es la hora del café durante todo el año, se descansé o no. Es el combustible de una máquina que ya no puede parar.

La época estival trae días asfixiantes con temperaturas de caldera, pero poco importa cuando las máquinas tienen que continuar con su ejercicio. Las 16:00 es una buena hora para descansar del incesante sol, buena hora para el que pueda detenerse.

Máquinas, auténticos motores de este país; artífices del desarrollo y la sustentación de las familias; generadores de dinero, fuente de capital para los bancos; espejos en los que reflejarse la juventud y orgullo para los suyos.

Gentes que acumulan problemas tras sus pieles de metal. Pieles que toman un color diseñado por los desafíos del trabajo y de la vida.

Las máquinas conviven con nosotros. Las vemos cada día, aunque nunca advierten sobre su condición debido a su gran humildad. Por ello, en momentos complicados, se merecen unas gotas de aceite extra, unas palabras de agradecimiento eterno. Quizá también un descanso, pero no están programadas para eso.


La red social Twitter consigue ser rentable

Tres años y medio después de que el fenómeno Twitter comenzara a inundar los ordenadores con su servicio de microblogging, su empresa propietaria, la estadounidense Twitter Inc., ha alcanzado un importante acuerdo que permitirá la sostenibilidad económica de la red social.

En la otra parte del trato se encuentran Google Inc. y Microsoft, que a través de sus buscadores Google y Bing respectivamente, podrán ofrecer información originaria de Twitter. Para ello, deberán desembolsar la nada despreciable suma de 17,5 millones de euros anuales. Esta cantidad será suficiente para mantener los costes de mantenimiento del servicio de recepción y envío de mensajes que utilizan más de 50 millones de usuarios en todo el mundo.

Hasta el momento Twitter Inc. había cubierto los costes de mantenimiento a través de inversiones de sociedades de capital de riesgo y con el dinero proveniente de los anuncios que se pueden ver durante su utilización.

Para aquellos que aún no conocen Twitter: