Comunicación estructural



Máquinas

La siguiente entrada rompe la temática tratada en el blog hasta el momento, sin embargo, al ser éste mi máxima oportunidad de expresión, he decidido subirla y compartirla.

En homenaje a los trabajadores que cada día se levantan por los demás


Fue una mañana de diciembre en la que me despertó el ruido. Recordé entonces que la estación invernal apretaba mostrando sus más gélidos destellos a través de la lluvia y el viento. De ahí que hasta las máquinas más duras terminan griposas emitiendo renqueantes sonidos a primera hora de las mañana. Sus gargantas, especialmente débiles, se quejan junto a unos pulmones castigados por el tabaco.

A pesar de ello, continúan su camino por los restos de escarcha que borronean los cristales y queman las manos, mientras el vao que exhalan sus bocas se convierte en parte de un escenario nuboso y gris, cuyo principal espacio de actuación es la agricultura, el comercio, la industria, los servicios del país.

Los días de vacaciones son un periodo especial para ellos. Resulta curioso descubrir como su reloj interno, el que está programado con una precisión infalible para el trabajo, jamás descansa. Las 7:45 de la mañana es la hora del café durante todo el año, se descansé o no. Es el combustible de una máquina que ya no puede parar.

La época estival trae días asfixiantes con temperaturas de caldera, pero poco importa cuando las máquinas tienen que continuar con su ejercicio. Las 16:00 es una buena hora para descansar del incesante sol, buena hora para el que pueda detenerse.

Máquinas, auténticos motores de este país; artífices del desarrollo y la sustentación de las familias; generadores de dinero, fuente de capital para los bancos; espejos en los que reflejarse la juventud y orgullo para los suyos.

Gentes que acumulan problemas tras sus pieles de metal. Pieles que toman un color diseñado por los desafíos del trabajo y de la vida.

Las máquinas conviven con nosotros. Las vemos cada día, aunque nunca advierten sobre su condición debido a su gran humildad. Por ello, en momentos complicados, se merecen unas gotas de aceite extra, unas palabras de agradecimiento eterno. Quizá también un descanso, pero no están programadas para eso.

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