Comunicación estructural



Una política mediática muy particular

Era cuestión de tiempo que una de las grandes empresas mediáticas mundiales clamara contra la situación de agobio y chantaje impuesta por el Gobierno chino. La primera en dar el paso,  como bien han informado televisiones, radios y periódicos de medio mundo, ha sido Google. Su gran poder de influencia, la gran cantidad de usuarios que usan el buscador, una imagen muy positiva entre los ciudadanos y, sobre todo, un apoyo incondicional de su gobierno, el estadounidense, le han dado el empujón necesario para denunciar grandes abusos como la censura o el espionaje.

En la estructura informativa de la República Popular de China ocupan un lugar muy importante todos aquellos medios que pertenecen al Gobierno y que se rigen por un auténtico sistema autoritario. El resto, deben de atenerse a unos reglas que favorezcan la integridad del Régimen.

Hasta el año 2004, las actividades de producción y gestión de radio y televisión, así como la producción cinematográfica por compañías de capital extranjero pertenecían a la categoría de restringidas, es decir, que podía haber participación extranjera sin necesidad de un socio chino que tuviera un porcentaje mayoritario de participación.

A partir de 2007, en cambio, estas actividades han pasado a estar prohibidas, de modo que las compañías con intención de invertir en China a través de un joint venture lo tienen más complicado, y deben procurar establecer buenas relaciones con el régimen comunista, caso del conglomerado estadounidense News Corporation. Con esta medida se limita el número de compañías extranjeras que pueden intervenir en el mercado chino, y se preserva un margen de control para el Gobierno.

Un caso curioso es el que se produce en los quioscos, donde apenas se pueden encontrar periódicos extranjeros. La mayor parte de las publicaciones internacionales disponibles en China son importadas de Singapur, Hong Kong y otras fuentes que han limitado los derechos de distribución a complejos turísticos y aeropuertos dentro del país. A pesar de ello, la situación actual del gigante asiático dista bastante de la que existía décadas atrás. Los cambios económicos iniciados con el ex líder Deng XiaoPing, han hecho que muchos ciudadanos se planteen ciertos valores tradicionales a medida que han ido apareciendo nuevas ideas y conceptos. Hoy día, la influencia extranjera, sobre todo la estadounidense, es más visible entre la ciudadanía que en generaciones anteriores.

El Estado chino lleva a cabo, por tanto, una política económica que afecta directamente a los medios de comunicación en la medida que estos son utilizados, o bien como portavoces del gobierno, o bien como negocios tutelados. Es en este último caso cuando pueden aparecer voces distintas a las oficiales, dependiendo de que el medio se arriesgue a hacerlo o no, ya que puede perder sus permisos y dejar de lucrarse en uno de los mayores mercados informativos del mundo.

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